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TEMPO PRIMO

Tal vez sea porque en Valencia todos los meses de julio, durante la Feria de su mismo nombre, se organiza el Certamen Internacional de Bandas de Música Ciudad de Valencia, o tal vez sea porque esa faceta del músico que fui en su día no se ha diluido en su totalidad o incluso porque hace unos días se ha graduado la primera promoción Bercklee en su campus de Valencia. El caso es que llevo unos días preguntándome por el estilo de dirección de las empresas y no empresas, factor que desde mi punto de vista hace que, pese a la crisis, existan quienes estén creciendo y quienes no. Y tal vez la respuesta se encuentre en el paralelismo que existe entre una orquesta y una empresa.

La primera pregunta que me hago es por qué, si la partitura es la misma y los instrumentos musicales los mismos (marcas y calidad aparte), la misma obra suena diferente en función de la orquesta que la interpreta. Se puede alegar que la calidad y formación de los músicos es distinta, y es cierto, y sin embargo me pregunto también por qué una misma orquesta con los mismos músicos y los mismos instrumentos suena completamente diferente al ser dirigidas por directores distintos. Me pregunto por qué la Filarmónica de Viena o Berlín suenan distintas al ser dirigidas por los grandes maestros como Leonard Berstein, Zubin Mehta, Herbert Von Karajan, Daniel Barenboim, Lorin Maazel o Enrique García Asensio. E incluso por qué suenan distintas, en momentos distintos de tiempo, orquestas dirigidas por un mismo director si los músicos siguen siendo los mismos y la partitura también.

Conclusión: el factor diferencial clave está en la dirección, en la batuta de mando.

Sin ánimo de ser exhaustivo, entre las funciones de un Director de Orquesta están las de interpretación de la partitura u obra en su conjunto. He dicho interpretación, pues sólo el autor de la obra sabe lo que ha plasmado o querido plasmar realmente en ella. El resto interpreta. Y en la interpretación existen valoraciones subjetivas. Igualmente el Director es un coordinador de la instrumentalidad y de la afinación, debe llevar el “tempo” (ritmo) e indicar las entradas así como marcar los acentos y matices. Y sobre todo debe conocer como se ejecutan todos los instrumentos de la orquesta, sin necesariamente saber “tocarlos todos” ni ser un virtuoso de ninguno de ellos. Y todo ello ANTES de la puesta de gala. Es un trabajo diario de ensayos y previo al gran día, hasta el punto que el día del estreno su figura es casi prescindible.

En resumen, una obra ES lo que su Director de Orquesta QUIERE QUE SEA. Que quieren que les diga, si sustituimos algunas palabras clave como músico por trabajador, interpretación de la partitura por interpretación del entorno (interno y externo), coordinación instrumental por coordinación departamental, ensayo por formación etc, nos encontramos ante un paralelismo total entre las funciones de un Director de Orquesta y un Manager General. Tal vez sea por esto, por su Director General, por lo que hay algunas empresas con el agua al cuello y otras que no. O Gobiernos con el agua al cuello y otros que no.

¿Y por qué estaré yo pensando en esto, señor?

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¿NUEVO CAMINO?

Escribió John P. Kotter, en uno de sus múltiples libros sobre liderazgo, que “liderazgo es diferente de la dirección, pero no por las razones que generalmente se suponen. No tiene nada que ver con tener carisma u otras exóticas cualidades personales. No es privilegio de unos pocos ni es necesariamente mejor que la dirección o un sustitutivo de ella”.

Continuaba así:

“Casi todas las grandes empresas están, hoy en día, sobredirigidas y sublideradas. Algunos pueden llegar a ser buenos directores, pero no a convertirse en líderes. Otros tiene gran capacidad de liderazgo, pero no logran ser buenos directores”.

Y añadía:

“Dirigir es gestionar la complejidad. Liderar es gestionar el cambio.”

¿Y porqué escribo yo esto y me acuerdo ahora del Sr. Kotter?

Todo empezó con el Sr. Mou alias “special one”. Tres años en el banquillo madridista, y un palmarés un tanto ridículo. Desde luego no comparable con el del Sr. Guardiola (éste si, SEÑOR con mayúsculas) y lejos de las expectativas que se depositaron en su figura: la tan añorada “décima”.Yo creo que hubiese terminado de la misma manera. Se le contrató y se le otorgó el poder total para que liderara un cambio. Sin embargo, él lo midió en base a la consecución de resultados.  ¿Líder o gestor?. Y luego continuó con la entrevista al Sr. Aznar en su cadena de Tv amiga a la par que nos enteramos que el Sr. Rajoy se reunía, ese mismo día en Moncloa, con el Sr. González. En este caso, si lo tengo claro, Aznar gestor, González, líder. Rajoy, no coment. Y cada vez mas, desde diferentes medios de comunicación nacionales y no nacionales, se repiten las palabras “falta de liderazgo”. Ya ni Obama. Inmersos en una crisis económica (y social y moral que añado yo) que va ya para su sexto año, surgen peticiones de “lideres” por una parte y de “gestores” por otra (tecnócratas que es mas “cool”). Es cierto, estamos sobredirigidos y subliderados. Esta crisis, que algunos se empeñan en catalogarla exclusivamente como “económica”, está haciendo saltar muchos resortes tanto macro como microeconómicos. Y, además, de índole personal, de comportamiento, de psiquis. No, no es una crisis económica, ni un cambio de ciclo. Es un final, como lo fue la Gran Depresión o la época posterior a la Segunda Guerra Mundial. Y para ello no necesitamos gestores, necesitamos líderes. Pero ¿donde están?

PD.- Fin de la trilogía del Sr. Grey. Y fin de las memorias del Sr. Aznar. Cambiamos de partitura y nos pasamos a algo diferente, El asesino del láser de Gellert Tamas, historia real del mayor asesino en serie de Suecia.