IT MAKES ME SICK

Llevo los últimos 15 días siguiendo con atención la caída del mito de Lance Armstrong. Por si alguno no es muy aficionado a los deportes, y concretamente al ciclismo, el personaje en cuestión ha marcado una época en dicho deporte, ganando consecutivamente 7 Tours de Francia, máximo exponente del ciclismo en ruta. Nadie hasta la fecha ha conseguido semejante hazaña. Recordemos que Lance era un corredor mediocre a mitad de la década de los 90 del siglo pasado y que consiguió superar un cancer testicular con metástasis pulmonar y cerebral. Lo superó, y a partir de ahí, deportivamente hablando, paso a ser el número uno, ganando esos 7 tours seguidos (1999 – 2005). Y creó una fundación, LIVESTRONG, para luchar contra el cancer. La investigación de la USADA concluye que el mito está basado en un complejo entramado de dopaje, que no fue limpio, que lo que vimos era fruto de la química, no era auténtico. Y en el día de ayer, la dirección del Tour de Francia le ha desposeído de los 7 Tours. No voy a entrar en la consideración dentro del plano deportivo. Pero me interesa mucho el plano de la fundación, sobre todo después de la “movida” acaecida en este país llamado España donde D. Amancio Ortega (dueño del grupo Inditex) ha donado 20 millones de euros a la fundación Cáritas. Ha ardido Twitter y las redes sociales, a favor y en contra. Como si cada uno no pudiera hacer lo que le diera la gana con su dinero.

Y esto viene a vueltas de la noticia aparecida el viernes 26/10/2012 en el diario El Mundo, al respecto de la investigación que la Hacienda Pública española va a iniciar sobre mas de 1.000 fundaciones donde ha detectado que disponen de, parece ser, incluso aviones.

Una Fundación, según la legislación actual (Ley 49/2002) es una entidad constituida sin animo de lucro, y que tiene por objeto la realización de fines de interés general. Una fundación, dados sus objetos de interés general y sin ánimo de lucro, tiene unas ventajas fiscales considerables, entre ellas que el tipo impositivo al que están sometidas es de tan solo el 10% (y eso sólo en determinados casos, no siempre) y gozan de unas exenciones en tributos tipo IBI e IAE, a modo de ejemplo. La legislación es compleja al existir no sólo ámbito nacional, sino autonómico e incluso local. Y además pueden ser tanto de titularidad pública como privada. No existe por tanto un registro centralizado global de ámbito nacional donde podamos listar las Fundaciones. Lo mas parecido que tenemos es la Asociación Española de Fundaciones.

Al final da igual si son mil o mil millones las fundaciones existentes, lo verdaderamente relevante es el uso que se hace de ellas. Si finalmente la investigación de la Hacienda Pública española se lleva a cabo, lo único que manifestará es lo que ya el pueblo corriente sabe, que se usan determinadas figuras legales de modo torticero y como vehículo de evasión de impuestos. Al final ya sabemos que un empresario, con todos mis respetos y admiración al que de verdad lo es, termina derivando gastos de índole personal al profesional por un simple mecanismo impositivo. Y ahora nos encontramos con que se crean Fundaciones, a las que se derivan activos, con el simple objetivo de mantenimiento del status social  e imagen, a la par que ahorro o evasión de impuestos. Al final, lo que creo realmente es que los impuestos no son correctos, pues no son neutros, lo que me lleva a reafirmarme en que es necesario una revisión de todo el sistema impositivo español y que, además, y esto es lo triste, existe una deriva ética considerable, impregnada ya en el ADN colectivo que nos hace primar el status y la imagen personal frente al objetivo del bien común. Precisamente si hay algo inaceptable en una sociedad que se precie, que se catalogue como tal y que nos diferencie de los Neandertales, es el utilizar una figura como la Fundación y el Mecenazgo como vehículo evasivo de impuestos. Es ya el colmo de una sociedad podrida hasta el tuétanos. Es como para pensarse si los pilares y valores sobre los que estamos viviendo, creciendo y transmitiendo a nuestros hijos son moralmente aceptable y reales. O cogemos la manta y nos vamos.

No soy yo de los que creen que el fin justifica los medios, pero visto los visto, prefiero cincuenta veces la fundación Livestrong, aunque su fundador sea un completo fraude, a estas fundaciones “fantasma” creadas exclusivamente para evadir y continuar en la poltrona. Es repugnante y vomitivo.  Lo triste realmente es que al final metemos a todas en el mismo saco, y algunas si ejercen esa función social y sin lucro.  A ver si de una vez por todas se limpia el patio de malas hierbas. Siento asco.

 

 

 

 

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